No eres mi madre aunque compartas su sombra, la sombra de todas las mujeres. El te querré siempre con una mano, mientras con la otra, ese mismo amor, ata nudos invisibles a tu brazo para que no te vayas. Ese llamado amor tela de araña, que tejes entorno a nosotras, es una trampa para afore nuestra herida de abandono y perdamos nuestra alma en el camino. Y cuando lo hace, despierta en nosotras los mismos sentimientos que tuvimos entonces: la lealtad a la sombra de nuestra madre. Porque sin esa lealtad no hubiéramos sobrevivido. Sin embargo, ya no estamos en modo supervivencia, ya no somos niñas desvalidas y asfixiadas por el reconocimiento y la valoración de mamà. Ya probamos las caídas, el amargo sabor del no y el viento en la cara de la libertad de nuestra intuición. Aprendimos, con todo lo que ello nos ha traído, a correr con lobos y a desear que nazca la mujer salvaje que vive en nosotras. La hemos visto, intuido y sentido. No hay marcha atrás. Ella nos marca el camino para salir del laberinto de la sombra de mamá.
lunes, 18 de noviembre de 2019
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