Fue un mes de julio de hace seis años que firmé mi divorcio. La sensación de fracaso en una mano y en la otra todas las posibilidades. La vida me dijo ven y yo la tomé entera. Los peros se han ido cayendo por el camino al igual que los miedos. No me he arrepentido de aquel salto porque sé que hay un antes y un después de esa firma. Una de las cosas que he aprendido en estos años ha sido a quererme bien, a desear lo mejor para mí y darme el permiso para experimentarlo sin juicios ni censuras. No ha sido fácil siempre pero sí me ha dado la posibilidad de saber cuándo es sí y cuándo no para mí. Creo que habito más y mejor mi cuerpo y mi alma está contenta. Lo sé porque mis ojos brillan y mis huesos ríen cuando me miro en los espejos que, por fin, han aprendido a amarme.
sábado, 2 de noviembre de 2019
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